Pastelería Confitería Micheto

Desde 1770 endulzando paladares exigentes

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Barcelona, 19 de abril de 2002.

 

La Bodeguilla

Acabo de leer, con gran pesar por mi parte, que quieren convertir en pasaje comercial lo que, en tiempos pasados, fue vía de prosperidad: La Bodeguilla. Parece mentira, pero es realidad, el estado de dejadez en que vi esta zona peatonal en mi último viaje a CALATAYUD. Muchas veces, entre los amigos, he hecho el comentario que el resto de ciudades tomaron como ejemplo LA BODEGUILLA para crear sus zonas peatonales.

Yo creo que la idea actual no sería mala si no hubiesen dejado perder los comercios de la plaza del Mercado, ni los que existían, desde las cuatro esquinas hasta la plaza de Goya. Afortunadamente, todavía queda algún establecimiento de aquellos que dieron prestancia al comercio local. Son tan pocos, y tan antiguos, que el día que se jubilen los actuales propietarios están llamados a desaparecer. Estaba imaginando, hoy, cuando entraba a por tabaco en el estanco de Las Micaelas, llamado así por la hermana mayor, titular del establecimiento, tenía por nombre Micaela. Entonces, como ahora, los estancos también vendían sellos, letras de cambio, papel de pagos al Estado, etc. Pero el fuerte de ellos era el tabaco. No existían la cantidad ni la variedad de marcas pues actualmente el tabaco rubio ha invadido los estantes de estas tiendas. Desde los "Finos de hebra", los más baratos, hasta el "Caldo de Gallina" coexistían "Ideales", "Cuarterones", "Cajetillas" y uno que era muy vendido cuyo nombre he olvidado, pero era un paquete rojo de veinte unidades que había que cambiarle el papel para fumarlos. El primer cigarrillo rubio, español, que yo conocí, fue el "Bubi" que llevaba impresa una cabeza de elefante en el paquete y que luego fue sustituido por el "Tritón" hasta llegar al "Fortuna" de hoy. El establecimiento era casi cuadrado, se entraba por La Bodeguilla aunque había otra puerta que daba a la plaza de Bardají clausurada por una mesa camilla con dos sillas donde descansaban las dos hermanas cuando la faena no era mucha. He olvidado las farias y habanos que tenían la denominación de cigarros puros.

En el lado opuesto del estanco, había una tienda de mercería "La Concordia" y en la puerta de más arriba estaba la papelería de Monteagudo. Era una tienda pequeñita, y toda la casa era habitada por los propietarios, yo creo que tenían una habitación por piso porque era muy estrecha y alta. Posteriormente Cerezuela tuvo un establecimiento de objetos de regalo y actualmente hay "La Casa del Bacalao".

Pares arriba, tuvo su primera confitería Manolo Caro, que posteriormente fue una pequeña sucursal de calzados Segarra. Puerta con puerta la confitería de "La Suiza" y enfrente casa del Robusto, por este apelativo se conocía casa Lafuente. De la confitería y de los comestibles no digo más, en otros capítulos hablo de ellos.

Si dejamos a un lado la puerta falsa de San Pedro y la carnecería que había enfrente, llegamos al establecimiento más popular de toda La Bodeguilla: el bar de la señora Antonia. Era toda una institución. Abiertas las puertas a las primeras horas de la mañana comenzaban a desfilar desde el agricultor que venía con sus productos al mercado y que mataba el gusanillo con el aguardiente y el "coscurro" de pan, o el churro, hasta la noche cuando servía los últimos vermuts. Era un local mediano con entrada por la calle y la placeta. Tenía un mostrador alto, todo alicatado en tonos azules y entre el mostrador y la puerta de la calle un espejo corrido a todo lo largo de la pared. Su especialidad: "las banderillas", pequeños espetones con atún en escabeche, aceitunas, anchoas, pepinillos, según el buen hacer de la señora. Para las fiestas de Septiembre llegaba el maestro Pascual Marquina con su banda y, una vez formados, comenzaba el pasacalle en la estación hasta el Ayuntamiento, para seguir hasta la casa de la Señora Antonia donde se hospedaba el gran músico.

Existía a continuación una placita limitada por las casas de: la señora Antonia, la Vda. de Joaquín Rico y "Los Zamoranos". Casa Rico era una fábrica de caramelos que tenía su establecimiento del "detall" en este lugar. "Los Zamoranos" era un gran establecimiento de camisería y confecciones. A Rico íbamos a comprarnos lo que los niños de hoy llaman chuches. No existía en aquellos tiempos el chupa-chups pero sí el pirulí, caramelo con un palo que en vez de redondo era alargado. Algo así como el de T.V.E. "El pirulí de la Habana que se come sin gana" así lo pregonaban los vendedores ambulantes.

Enfrente de Rico, en lo que ya era Bodeguilla, había un establecimiento muy femenino "La reina de las medias". En aquellos tiempos todavía no se fabricaban de nylon ni existían las pantys de hoy día que han servido para desterrar las horribles ligas, pero también los eróticos ligueros. Actualmente los hay, y muy bonitos, pero apenas se venden. Estaba al frente del establecimiento la señora del dueño y una hermana. Al decir de nuestros mayores unas buenas hembras. Por las tardes era el propio señor el encargado de atender al público pues compaginaba su trabajo con el de funcionario del Banco de España por la mañana.

Antes de llegar a Almacenes Bardají, y siguiendo por los impares encontramos un "95" y una tocinería. A los primeros los han imitado los de "Todo a cien" que con la llegada del euro se han convertido en 0,60, más caro. Han aumentado el precio un 60%.

Casa Bardají, el almacén, como le llamaba la gente, era una gran tienda de tejidos no sólo como establecimiento sino por la magnitud del edificio. Tenía hasta ascensor, "rara avis" en aquella época. Los tres espadas importantes de la tienda eran Grajales, Serrate y Navarro. Este último, siempre nos paseaba, junto con mi hermano en ascensor cuando íbamos con nuestra madre de compras.

En los bajos del Ayuntamiento, junto a Bardají, una pequeña tienda de comestibles, seguida de los establecimientos "El Norte" tienda especializada en ropa para los agricultores y gentes del pueblo, para los cuales la pana y la ropa interior de felpa era su vestimenta. Contiguo al Norte, tuvo su establecimiento de tejidos Alfredo Jiménez que se ha trasladado al principio de la calle.

Siempre he dicho que nuestro fardel es el rey de los patés, aunque la oca no entre en su composición, sería el sumun. Existe uno parecido en Italia, no es lo mismo. Pero como los fardeles que se hacían en casa de "Los choriceros" no tienen parangón alguno con los demás. No hablemos de las salchichas, eran "bocado exquisito". Yo, todavía, pude conocer a su dueño D. Felipe Martín, ya no atendía el negocio, era una persona humilde, amigo de todo el mundo y no había sepelio donde no estuviese este señor dando el pésame. Así se explica que el día de su entierro fuera una multitud a acompañarlo. El que yo conocí como figura del negocio fue a Luis, al que la última vez que estuve en el pueblo pude saludar, todavía, y que por muchos años pueda hacerlo. "Los choriceros" eran el fin de La Bodeguilla.

Sólo pienso en estos momentos lo que opinarían la señora Antonia, D. Felipe, D. Ángel Gallego y su esposa Dña. Teodora y D. Ángel Navarro, y un largo etc. de los de en aquellos tiempos, residentes en la peatonal calle. Y que pensarían de la dirección única para vehículos en nuestra RÚA.

Esperemos que nuestras autoridades tengan el suficiente criterio para convertir LA BODEGUILLA en un vergel de establecimientos y una gran afluencia de público.

Que así sea.

Manuel Micheto Lasheras

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